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Está recorriendo el territorio de Estados Unidos una
iniciativa que permite a los usuarios imprimirse los libros
que deseen, y tenerlos así para siempre.
La empresa partió de Brewster Kahle a raíz de la ampliación
del tiempo de vigencia de los derechos de autor en Estados
Unidos, promovida para evitar que Disney los perdiera sobre Michey Mouse. Khale ha pretendido fijar la atención
sobre las posibilidades de beneficio social y cultural que
puede proporcionar el aprovechamiento de las obras que ya han
pasado a dominio público.
Kahle, involucrado activamente en varios proyectos de bibliotecas
virtuales, aprovecha la riqueza de las mismas para llevar a
cabo sus propósitos, a partir de un vehículo, una conexión
a Internet vía satélite, varios ordenadores portátiles, un
scanner, una impresora, una encuadernadora y una guillotina.
Consciente de los cientos de obras agotadas y de cómo las leyes del
mercado imposibilitan su reedición, la iniciativa persigue
proporcionar obras de calidad (buena factura y materiales, e impresión a
todo color) dirigidas especialmente a colegios sin medios para
una buena biblioteca, a bibliotecas públicas y a usuarios
individuales. No se trata, pues, de un servicio de préstamo
sino de conseguir al lector la titularidad definitiva de
los documentos que este peculiar bibliobús le proporciona. El
coste es bajo, o nulo si el interesado
participa en la operación, haciendo realidad uno de los eslóganes
del servicio: “imprima su propio libro”. Todo ello en
apenas quince minutos.
Según Kahle, este servicio sería absolutamente exportable a cualquier
país, con la única salvedad de adaptar el idioma y las
obras, que habrían de proceder de las bibliotecas virtuales
de su área idiomática y cultural.
Más
información (en inglés), con fotografías, se puede
encontrar en:
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